Artesanos y Artesanías de Quiroga

Libro: Fragmentos de la Historia de Quiroga.

Autor: Rubén Aguilar Calderón, Cronista e Historiador de la Ciudad de Quiroga, Michoacán, México.

El libro completo lo puede solicitar directamente en esta tienda virtual, y con gusto lo cantactaremos con el autor, Tiene un costo de recuperación y de envío que en su momento se le informará.

Nuestro compromiso es que esta gran obra esté al alcance de todos los michoacanos, no solamente los que viven en México sino también los que viven en  el extranjero.

Sabemos que hay muchas personas alrededor del mundo que aprecian la cultura purépecha, y que no pueden conseguir la información en la localidad donde viven..

 

ARTESANOS Y ARTESANIAS.

 

Michoacán, un pueblo que desde su época prehispánica tenía sus valores artesanales. En su fecundo pasado, el pueblo Tarasco o Purépecha practicaba la orfebrería, alfarería,  tenían sus mayordomos de mantas y algodón; practicaban el arte textil; conocían el arte de la pintura y la tintura vegetal y mineral; hacían sus carcajos o aljabas para guardar sus flechas y sus arcos,  que debieron ser de muy buen temple; hacían sus canoas, jícaras, lanzas;  hacían sus penachos con el exquisito arte plumario;  pero principalmente hacían sus BATEAS

Sus manifestaciones artesanales iban de acuerdo a la singularidad de su tiempo. El pueblo Purépecha fue protagonista a partir del siglo XVI, de un brusco encuentro que turbó la tranquilidad de su pasado, con la llegada de los españoles.

COCUPAO, hoy Quiroga, en su arte primitivo y principal fue BATELLERO, JICARERO Y BAULERO. Un cronista del siglo XVI, Don Joseph Antonio de Viliaseñor dice de Cocupao: «Otros pueblos que componen este partido de Tinzunzan son: el de San Diego Cocupao.. .>‘. . indios que practican el idioma castellano,.. su comercio es labrar bateas, pintar cajas y primorosos ternos de escriptores, tan estimables, que los solicitan los mercaderes para su embarque a Españá».

Así pasaba con las bateas, jícaras y baúles de Cocupao, que pasaron del uso utilitario al aristocrático. En el Museo Regional de Pátzcuaro antiguo Colegio de San Nicolás, se exhiben unas bateas del siglo XVIII, elaboradas en Cocupao. Otras semejantes se exhiben en la antigua Huatapera de Uruapan; estas bateas las tienen clasificadas por su clara influencia prehispánica. Las bateas siempre se elaboran con madera de pino, con mínimas excepciones.  A la llegada del ilustre Don Vasco de Quiroga, en su organización de pueblos, indicó a cada uno el oficio que debía desarrollar, siendo Periban, Uruapan y Cocupao, señalados como pueblos batalleros, pero cada uno adoptó diferentes características, la más notoria de Cocupao fue que en el fondo del anverso sobre la decoración terminada se notaban los hachazuelazos como sello primitivo que siempre conservan esa originalidad hasta que llegó la lija. El Sr. Don Vasco enseñó nuevas técnicas a los batelleros siendo en Cocupao donde ha habido menos variación de la técnica prehispánica.

La Comunidad Indígena del Calvario, en su mayoría formada por artesanos batelleros, salían muy temprano de sus casas llevando tortillas, frijoles, cebollas, chiles, sal, y las escasas herramientas que tenían para elaborar las bateas en el monte durante 2 o 3 días. Esto, hacían desde años inmemorables, y aún por los años 60s, en la quietud del monte se escuchaba el hachar de los batelleros. Una vez completando su carga bajaban nuevamente para continuar en sus casas el proceso de las bateas. Los que tenían su burrito en ocasiones se traían los troncos de pino arrastrando para fabricar las bateas en el patio de su casa, y en los solares. En las banquetas empedradas del Calvario se veían tendidas las bateas hasta que se secaban, las que se rompían con el sol eran parchadas con TATZINGUENI, un pegamento elaborado con los camotes de la orquídea silvestre que conocemos como Corpus; se partían y se ponían al sol, ya secos se molían humedecidos con agua, y se aplicaba esta pasta de lo más resistente que puede haber.

De este quehacer nació la única y original danza del viejo Cocupao, "LA DANZA DE LOS BATELLEROS", que últimamente empieza a renacer.

El siguiente paso era aplicar el maque, o sea aplicar al reverso de la batea un color rojo,  y en el anverso el  color negro que serviría como fondo para la decoración, todo a base de tierras molidas preparadas con aceite de linaza. Los colores de tierra que más se utilizaban eran:

 

MIMACUTA        Café oscuro.

TEPUSHUATA     Blanco.

IHUETACH           Amarillo

CHARANDA         Rojo.

 

La tierra que traían del cerro se majaba y se colaba para molerse con aceite linaza en unas piedras especiales totalmente lisas; para el fondo negro, como base para decorar la batea uno de los métodos era juntar el humo del ocote, u otro combustible, pero el que se conoció por los años cuarentas consistía en colocar un aparato con petróleo bajo un comal de barro donde ardía hasta consumirse, quedando acumulado el finísimo humo adherido al comal de donde con una salea de cordero se extraía a una batea revolviéndose con la tierra negra y aceite de linaza para molerse. También se habla de que los colores eran diluidos en aceite vegetal y mezclados después con brea y trementina derretida al calor,  para que el color lo mantuviera líquido (cita Eva M.Thile. El Maque) Al aplicarse en la batea quedaba un negro intenso donde lucían con esplendor las guías de flores, el último toque en el maque era pulirlo con la palma de la mano cargando más la parte junto a la muñeca, porque en estos casos la piel humana es el mejor pulidor. Todo era creatividad del artesano batellero. Muchos artesanos hacían sus pinceles con pelos de perro, a los que con frecuencia se les veía trasquilados por las calles del pueblo; otros se hacían con pelos de animales del campo.

A las bateas en Periban les decían Peribanas, en Quiroga Palanganas, las había redondas, rectangulares, cuadradas y en diferentes tamaños, que decoradas eran ornato, y en natural se les daban diferentes usos incluso para «aventar» el maíz. Las jícaras eran de la corteza del «Cirián» o del «Guaje» que son especies vegetales propios de la tierra caliente.

En época de la arriería en Cocupao, que duró siglos, los arrieros viajaban con sus recuas de mulas hasta Tacámbaro, Apatzingán, México, Estado de Guerrero, Colima, comerciando con bateas de Cocupao entre otros objetos, intercambiando mercancía de aquellos rumbos, o bien traían su oro, por los dueños de recuas dejaron "entierritos por aquí, entierritos por allá", para ocultar y proteger su riqueza.

Sin modelos, ni patrones, ni calcas,  el artesano creaba en la batea vivos ramos de margaritas, amapolas, dalias y en épocas pasadas se plasmaron aves y muñecos. En Uruapan, Mich. los artesanos de allá decían a los de aquí, «Quiroga nos ganara en monaje pero no en floraje». Inicialmente el arte de la batea era propio del barrio del Calvario, sin embargo empezaron a surgir batelleros de la parte baja del pueblo, entre ellos Don Maximino Estrada, Doña Concepción Hernández, Don Desiderio López, Don J. Carmen Granados, etc.

En el arte batellero, aparece Don Pedro Hernández que se distinguió por la modalidad de entre guirnaldas de flores plasmar el dibujo del pintor de almanaques Jesús Helguera, como El Flechador del Sol, Amor Indio, etc. También pintó a toreros famosos en sus mejores faenas;  también dejó plasmada la imagen de varios presidentes de la República Mexicana, y Gobernadores del Estado de Michoacán, en el arte representativo de Quiroga: "LA BATEA". Del mismo Don Pedro Hernández existe un lienzo con "El Descendimiento de Cristo", que cada año, en la festividad religiosa del pueblo, el primer domingo del mes de julio, se exhibe en una posa. (Donde descansan a la imagen del SEÑOR en la procesión).

También se fabricaba batea miniatura para elaborar juegos de aretes, collar y pulsera, que engarzadas hacían lucir  un atuendo muy de Quiroga. Uno de los artesanos dedicados a esta miniatura fue el Sr. Marcial Garnica Rodríguez, actualmente Don Luis Anita y su esposa Prudencia Garnica.

De vez en cuando, los batelleros de Quiroga compraban cargas de batea a los de Cuanajo. Y por los años setentas les compraban mucho más, porque los labradores batelleros del pueblo se estaban escaseando, porque se dedicaron a fabricar grandes máscaras que tenían mucha demanda con el turismo extranjero.

Cuando llegó la oferta de la industria, con las técnicas actuales, llevó a los artesanos batelleros a una serie de procesos correspondientes a otro ámbito social, y adoptaron las técnicas modernas, hablando de pinturas industrializadas, que fueron desplazando paulatinamente los medios originales que los identificaban.

En el año de 1936 los domingos y días festivos se vendían bateas en la plaza principal tendidas en el suelo por don Pedro Peña y Don Desiderio López, y en la tienda «El Nuevo Paris» frente a la alcantarilla.

La carretera Nacional a su paso por Quiroga pronto dio señales del progreso, entre 1938-1940 apareció el primer «Tendido» de bateas sobre la acera de la avenida Benito Juárez, hoy Vasco de Quiroga Oriente, que llegó a ser una armazón de madera con dos o tres gradas, que según fuentes de información fue el primer puesto ambulante. De esto, y de lo que sigue, existen varias versiones, sin embargo de lo que no hay duda alguna es  que el primer establecimiento fijo dedicado a la venta de artesanías llevó el nombre de "El Arte Tarasco", y que fue de la familia Villanueva Torres, y siempre lo atendieron la Srita. Melanea y Abigail, dos de las siete hermanas que eran. Es posible que simultáneamente a éste haya surgido también el local del Sr. Francisco Fuentes, en la antigua calle Nacional, hoy L. Cárdenas Sur, a unos cuantos pasos de la Familia Villanueva. Estos dos establecimientos nacieron cuando aún no estaba terminado el tramo de carretera del centro de la Villa, salida a Sta. Fe de la Laguna.

 

Galería de Imágenes de Quiroga. Imagen 78

Aspecto de la carretera de Quiroga, Michoacán, México

La fotografía corresponde al año de 1939, se nota el revestimiento de la carretera nada más hasta el centro del pueblo, en el extremo izquierdo sobre la acera se ve el puesto de bateas del que hablamos, solo que incluyó en su ramo vender ollas de Santa Fe. Ya empezaban a florecer otras artesanías para no competir con las bateas de la Familia Villanueva que se ven en la esquina donde apenas se ve el rótulo del «Arte Tarasco»


Al terminar los trabajos de la carretera, aparecieron más locales como el de la Sra. Esther Chávez, en la antigua calle Nacional, el de Don Guillermo Vargas al lado de la Fam. Villanueva, y puestos semifijos, y después fijos. en la Plazuela de los Mártires. En uno de ellos la Señora Petra Coria de Hernández decoraba las bateas mostrando al turismo el hermoso colorido del arte original del antiguo Cocupao, del que es heredera su hija, la señora Estela Hernández Coria. Para enriquecer la variedad plasmada en la batea el artesano determinó pintar paisajes atardeceres en el Lago, Janitzio, redes de pescadores, etc.

Galería de Imágenes de Quiroga. Imagen 79

Aresanos y artesanías de Quiroga, Michoacán, México

En el pueblo existían solo dos tlapalerías: la de Don José Luís Barriga Campuzano y la de Don Manuel Villicaña, que por años fueron las únicas en surtir materia prima a los artesanos. El Sr. Rafael Villicaña Mendoza abrió el primer local grande ubicado donde hoy está Bancomer. El Señor Jesús Cortes Verduzco el de juguetes de madera frente a la plaza principal, y el Sr. Trinidad Ponce, con sus hijos, estableció el primer grupo coorporativo de  fabricación de  juguete de madera, principalmente el didáctico.

En los años de 1950-1980, Quiroga ofrecía un panorama de progreso en el ramo artesanal, con frecuencia era visitado por extranjeros principalmente Americanos, tanto, que el campo de futbol se convertía en Trailers Park, (donde estacionaban sus remolques). Había un intérprete empírico el Sr, Salvador Cázarez «Cazarín» que aprendió el idioma inglés por la gran afluencia de norteamericanos al servirles de guía,

La destreza y creatividad del artesano tiene una misión fundamental de utilidad y ornamental, que no ha valorado ni el propio artesano. Por esa habilidad durante algunos años se fabricaron lámparas en morras de los injertos de los árboles, que raspadas y barnizadas eran un vistoso ornamento de naturaleza muerta, de ellas se hacían lámparas de mesa o de pie, Entró también la modalidad de las ensaladeras, en el taller de Don Herculano Vázquez, eran bateas en diferentes formas de flores, hojas, corazón, redondas, rectangulares, bien laqueadas y pulidas de madera de ahilé, pino, madroño, pinabete, granadillo, parota, etc., maderas que tienen hermosas vetas. Salían al mercado con su cuchara y tenedor del mismo material.

En el año de 1958, es instalado en esta Villa el primer taller de lacas de Uruapan en la calle Ramón Corona No.6 — hoy L. Cárdenas Nte., por el Sr. Cipriano Heredia con sus trabajadores: Romualdo Bermúdez, Delfino, Héctor, el Güero, Cecilio y Raúl Bermúdez «El Bailón»,  mote que le pusieron porque en el grupo había uno que se apellidaba así. Don Cipriano regresó a Uruapan con sus empleados, solo Cecilio y Raúl se quedaron aquí, y por un tiempo trabajaron la laca con el Sr. Maximino Valdés de Teocaltiche, Jal.

En 1961 en el  taller de torno del Sr. Vázquez, se agregó un departamento dedicado a la elaboración de lacas de Uruapan, auxiliado por el Sr. Raúl Bermúdez, solo que adoptando un estilo propio en la filigrana y el fileteado, un trabajo que era fruto de la paciencia, el decorado era a base de oro pálido micrográfico y plata en polvo diluidos en laca y thinner aplicados con plumas de manguillo. De esta técnica instruía a los empleados la Sra. María de Jesús Aguilera de Vázquez. Al abrir otros talleres del mismo arte lo bajaron de calidad y de precio. Casi simultáneamente se empezó el decorado en laca a colores, siendo la Familia Pedraza Ponce quienes fueron verdaderos artífices en este arte.

Los primeros decoradores de charolas laqueadas en el taller del Sr. Vázquez fueron: María Auxilio, Paz y Celia Camacho González. Natalia Barriga, María Eugenia Servín, Sara y Celia Meza, Teresa Ruvalcaba González, Consuelo Vázquez, Rogelio González y Rubén Aguilar Calderón.

El primer centro de acopio o bodega de artesanías, fue iniciativa del Sr. Vicente Carreón y su esposa Sra. Consuelo Saucedo, en la calle de Berriozábal, y 3 o 4 años después continuó la apertura de bodegas, hasta hoy son casi tres cuadras de la misma calle entre bodegas y locales de artesanías y otras dispersas, que como mayoristas almacenan artesanías del pueblo, del municipio, del estado y de otros, incluso de otros países. Lo mismo ofrecen los locales que han aumentado en toda la avenida que atraviesa el pueblo y la salida a Pátzcuaro, la plazuela de los Mártires y otras calles como la Victoria, Salazar, Guerrero sur y parte norte, y una unión de artesanos ocupa el espacio de lo que fue el Hospital de San Vicente de Paúl.

No existe en el pueblo un centro de acopio de materia prima para el artesano, todo se adquiere en diferentes establecimientos comerciales, la mayoría de artesanos operan en talleres familiares y no hay unión que controle el mercado. En el año son tres temporadas para las artesanías; Semana Santa, Vacaciones Escolares del mes de julio y agosto, y en Navidad. La invasión del mercado extranjero, de otros estados del país, incluso de otros pueblos de nuestro mismo estado, ha provocado la emigración del artesano o la clausura de pequeños talleres.

Las artesanías son el quehacer que ha creado un patrimonio cultural y socioeconómico en el pueblo de Quiroga, por eso corresponde al artesano, al gobierno municipal y a la sociedad civil mantener la artesanía como un pilar cultural, tradicional y popular porque es memoria colectiva del pueblo, nacida de la sutil creatividad del artesano

En el mes de diciembre de 1974, se realizó la primera feria artesanal en Quiroga a iniciativa de la Presidenta Municipal C. María Villaseñor de Fuentes, alrededor del cuadro de la plaza principal, confiriendo el nombramiento de Coordinador General al Sr. Rodolfo Chagolla Corral, de presidente propietario al Sr. J. Socorro Álvarez Campuzano, de secretario al Sr. Rafael López Fuetes y tesorero Sr. J. Trinidad Ponce Fuentes, en el programa de la feria y exposición artesanal la Dirección de turismo del Gobierno de Michoacán se anuncia: Carros Alegóricos, Jaripeos, torneo de gallos, actuaciones de ballet folklórico del Gobierno del Estado, toda clase de juegos permitidos por la ley, y concurso con premios en efectivo para la mejor pieza artesanal.

A propósito de concursos, el Sr. Antonio Anita, de la Comunidad del Calvario, continúa participando en ferias y concursos dentro y fuera del estado en los que ha sido acreedor de elogios y premios en la presentación del arte de la batea de Quiroga.

DATOS INTERESANTES SOBRE LA PARTICIPACION DE QUIROGA EN LA PRIMERA FERIA DE MICHOACÁN.

En el año de 1877, cuando gobernaba al Estado de Michoacán el Lic. D. Bruno Patiño y en Quiroga fungía como Presidente propietario del Ayuntamiento el Sr. D. Sixto León (papá del Dr. Nicolás León), se realizó en Morelia la primera exposición del Estado en el Ex Convento de San Diego. En la lista de las poblaciones participantes aparecía Quiroga, se clasificó a los asistentes por número progresivo, en el manuscrito original que se conserva en la hemeroteca Nicolaíta de Morelia, así se manifiesta la Villa de Quiroga: (Número, nombre del participante y artículo expuesto. Respetando la redacción original):

90. El Señor Tiburcio Sánchez de Quiroga exponiendo «una charola de madera pintada» se expusieron maderas, piezas arqueológicas, aceites, puros y cigarros, plantas medicinales, jabón, máquinas para hilar, géneros de algodón, piezas de carpintería, lanzaderas para telar, algodón cardado.

103- El expositor Francisco Ponce de Quiroga= una cámara fotográfica sin tubo, de uso conocido. Arroz de Conguripo, ajonjolí, camotes de Chucandidro, aceite de olivo, arma granillo de molino. Aceite de chicalote y de linaza, flores de papel, retratos y acuarela.

270- El señor Cornelio Medina de Quiroga= Dos pieles de becerrillo y seis de iguana curtidas unas y otras= piezas bordadas en oro de quilates.

310- El señor Antonio Guido de Quiroga= «un par de bateas pintadas». Tiburcio Sánchez de Quiroga=» cuatro pares de charolas de madera de varios tamaños, pintadas.»

371- José Ma. F. Navarrete de Quiroga= «un ídolo de piedra un manojo de raíces de yerba del indio. Un manojo de cebolleja. Un poco de sacate real fresco. Una arroba de erra roja.

372— José Ma. F. Navarrete de Quiroga= «un molcajete antiguo, ocho piezas de barro de diversos tamaños, antiguos.

373- Sr. José Alfredo Alfaro de Quiroga= «SEDA, EN CAPULLO, TORCIDA Y FLOJA. Salitre, café, BARRILES DE AGUARDIENTE.

398- José Ma. Navarrete de Quiroga=»tres ídolos de piedra, un metate», chocolate, reatas de maguey, cal, etc.

484- José Ma. Villagómez de Quiroga=»tres ídolos de piedra» chile pasilla, bufandas de seda, añil, etc.

Se publicó un catálogo de esta exposición firmado en diciembre 29 de 1878, por M. Tena. Fue la primera exposición en el Estado de Michoacán, todos los objetos fueron colocados en el palacio de la exposición (antiguo convento de San Diego), Morelia 1877.

Por último sobre este tema, hablaremos del chicalote y el aceite de linaza, lo curioso es que el aceite de linaza sale del chicalote que era conocido por los españoles como Cardo Santo que abundaba alrededor del pueblo en los campos sin cultivo y en los trigales, propagándose con rapidez, los agricultores lo consideraban nocivo, sin embargo desde el punto de vista industrial es una de las plantas más notables de la flora mexicana con cualidades curativas, pero en especial su semilla, de la que se extrae el aceite poseedor del más alto grado de secar rápidamente empleado para la fabricación de colores conservando su tinte original y transparencia dando a los barnices una brillantez incomparable y perpetua. Estas cualidades del chicalote eran las empleadas originalmente en la preparación de barnices en las bateas de Cocupao, bajo el nombre de aceite de linaza.

Cuantos recuerdos de aquella costumbre de niños y jóvenes de Quiroga, de juntar las semillas de chicalote, cuando su hermosa flor amarillenta se secaba y guardaba en su bulbo de 6 hasta 70 semillas. Se cortaba una horqueta pequeña de un árbol para evitar las espinas del chicalote, aprisionar y doblar el tallo de la planta con la horqueta para embrocar el bulbo y vaciar las semillas en un botecito (que eran muy escasos), o en la bolsa del pantalón si estaba en condiciones. El siguiente paso era venderlas en la tienda de Don Chema, que era propiedad de la Fam. Torres, y Centro de Acopio de las semillas para elaborar el aceite.

Entre más reseco el bulbo era mejor, por eso, en pleno sol con el aire que mecía los miles y miles de flores muchos niños de Quiroga recorrían sudorosos aquellos extensos terrenos donde hoy el chicalote se ha extinguido, aquel chicalote que en tiempo de su floración era un poema en flor que abrazaba a este pueblo orgullosamente BATELLERO.

 


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